Radical  significa fundamental, de raíz;  viene del latín radix, raíz. Con estas líneas que surgen en medio de una primavera que rebosa belleza os proponemos arrancar de raíz uno de los males que asola nuestros hogares. Os invitamos a ser radicales, aprovechando este tiempo propicio, lleno de energía, para acometer un sencillo acto que es en sí mismo una auténtica revolución. Muchos lo hemos experimentado ya, y todos los que se han atrevido a ir en contra de una corriente social tan poderosa afirman que es una auténtica liberación.

Desvelemos el misterio, el acto heroico que puede revolucionar el ambiente de nuestro hogar y el ambiente de nuestro mundo interior es  desengancharse de raíz del ocio nocivo de pasar parte de nuestra valiosa vida frente al televisor.  Según encuestas realizadas, una persona de 81 años puede pasar 13,5 de su vida ante la pantalla. La distribución de los muebles en el 99% de las viviendas demuestra que la televisión es el objeto sagrado de nuestra sociedad. Un objeto programado para manejar. Según Jerry Mander, por la forma en que las imágenes son procesadas por la mente, la televisión inhibe los procesos mentales por los cuales nos relacionamos con el entorno: «La televisión parece ser un instrumento para el lavado de cerebro, la inducción del sueño y/o la hipnosis y no un medio que estimule los procesos de aprendizaje consciente».

No nos engañemos la esencia de la televisión no es la formación ni la información, sino la publicidad. Los programas luchan para concentrar el mayor número de espectadores en el momento que aparece la publicidad. Políticos y lobbies influyentes tienen cogidos a los medios de comunicación por la «cartera». Todos vendiendo una misma idea de falso bienestar: desarrollo continuo y consumo a costa del planeta y de todas las generaciones venideras.

La relación con la televisión suele presentar todos los síntomas de una adicción y para superarla es necesario tomar una decisión firme. Hay que desactivar el aparato y alejarlo de nuestra vista. Una vez que te hayas deshecho de la pantalla, te darás cuenta de que su ausencia te obliga a reordenar el espacio de la habitación donde se encontraba, su altar central. A partir de aquí el primer objetivo debe ser recuperar el tiempo para gozar de otro tipo de experiencias más enriquecedoras.

Para luchar con el “mono” tendremos que recordar que es preferible cualquier otra actividad en la que haya contacto humano, actividad mental creativa,  ausencia de actividad mental o sensaciones placenteras que engancharse a un telediario más, que desinforma, a otro programa más del corazón que aniquila la inteligencia, a otra película de violencia y sexo que contamina el alma, y a  18.000 anuncios anuales que te insisten que no eres feliz porque te falta, cuando en tu corazón yace un tesoro escondido clamando a voces a tu conciencia adormecida para que despiertes y encuentres.  ¿Te atreves a ser un radical libre?

Beatriz Calvo Villoria

 

 

 

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