Cuando cultivamos en el silencio nuestra capacidad de atender instante tras instante nuestras profundas sensaciones, clarificamos la percepción, limpiamos poco a poco los velos de distorsión y ampliamos la claridad en la observación, haciéndose esta cada vez más directa y sutil. Nos hacemos buceadores amables de nuestro estado mental, conocedores de nuestros cambios, inquietudes, motivaciones, intenciones… Guardianes de nuestros íntimos sueños, valientes habitantes de la realidad tal cual es. Te das permiso a sentir el reposo acogedor de tu presencia asentada en el trono de Ser, sencillamente Ser y Estar. Esta posición desapegada y despierta se va convirtiendo en una manera de transitar la vida.

“Estando en meditación nos detenemos y contemplamos las cosas profundamente. Abandonamos toda actividad para estar ahí, simplemente, con nosotros mismos y con el mundo. Al detenernos empezamos a ver, comprendemos. Los frutos de este proceso son la paz y la felicidad. Deberíamos convertirnos en maestros del arte de detenernos para poder estar realmente en compañía de nuestros amigos y de las flores.” Thich Nhat Hanh.

Me gustaría señalar lo relevante de poner el foco en la adecuada gestión emocional, siendo esta de vital importancia en el cultivo y cuidado de una equilibrada y armoniosa salud mental. Los maestros espirituales nos señalan la importancia que tiene acompañar el despertar con la virtud de la paciencia para poder llegar a transformar la ira en compasión, a través de una profunda comprensión contextual. En este sentido, es imprescindible que pongamos también luz a la autocompasión necesaria al hacernos cada vez más conocedores y responsables de la raíz de nuestras aflicciones.

El silencio va dando luz a cómo mejor relacionarnos con lo que acontece. Nos regala la libertad de poder amar sin apergos, de ser ecuánimes sin indiferencia y de poder discernir sin aversión. Nos asienta en la maravilla de existir.

Cuando hablamos de psicología integral estamos considerando al cuerpo, las emociones y el espíritu como un todo, una unidad. En palabras de la maestra zen Ana María Schlüter Rodés “La práctica es una tensión entre el silencio y el estar, a la vez muy despiertos”.

Es necesario escuchar nuestro corazón, conocer las emociones para amar. Podemos reflexionar sobre qué nos emociona, qué es admirable y qué nos mueve en la vida.

Hoy conocemos que reprimir las emociones tiene efectos negativos sobre la salud. Necesitamos que nuestras emociones fluyan, poder tener miedo de lo que realmente nos amenaza, enfadarnos ante lo que invade nuestra integridad, llorar cuando algo nos duele, sonreír cuando las cosas van bien y preocuparnos por las necesidades de los demás.  Confiar y escuchar nuestro corazón.

La ira nos permite poner los límites adecuados y movernos, sin efectos colaterales negativos.
La tristeza nos conecta con el centro de nuestra vulnerabilidad; duele porque supone separarse de aquello a lo que nos apegábamos, sea un beso de buenas noches, un abrazo, una mirada… y convivir con la perdida.

El desafío consiste en acoger la experiencia como liberación necesaria para vivir el cambio.
La alegría eleva, vigoriza, armoniza nuestros pasos e ilumina todo nuestro ser. La alegría es generosa, relajada y abierta por naturaleza. Llega cuando nuestra energía emocional fluye libre en una dinámica de respuestas adecuadas a nuestras experiencias. Esta alegría sobreviene cuando las otras emociones, es decir, el miedo, la ira y la tristeza alcanzan fluidez.

Con el instrumento emocional bien afinado podemos empatizar y acompañar amorosamente. Será más fácil abandonar lo no constructivo y abrazar lo constructivo. La ignorancia es un veneno, la confusión el gran enemigo. Elegir sin esfuerzo las formaciones mentales que nos nutren es ver con claridad. La amorosa benevolencia, aceptación, generosidad, tranquilidad, estabilidad son los dones que se van desarrollando cuando nos permitimos funcionar de forma integral. Reflexionar sobre la armonía emocional es saber lo que es digno de admiración; compartirlo a voces, una alegría.

 

Marcela Çaldumbide. Directora del Juego de conocerse

www.eljuegodeconocerse.com

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